Día Naranja: la violencia vicaria ya es extrema y cruel...


En el día naranja es oportuno recordar que la violencia vicaria ya es una violencia extrema y cruel hacia las mujeres, sobre todo hacías niñas, niños adolescentes indefensos. Afirmar que hay casos donde la violencia vicaria es más extrema es colocar las acciones del perpetrador en un estándar para relativizar, para sacar de contexto las acciones violentas y establecer criterios que determinen qué es más grave, qué es más cruel, qué es más violento comparado con otros casos donde el riesgo e incremento de la crueldad, la hostilidad y la violencia siguen estando presente. 

Por ejemplo...

Ya es extremadamente perverso y revictimizante culpar a las mujeres de haber "escogido" la violencia de un agresor incluso, permitir que su violencia alcance e impacte la vida, identidad, personalidad y derechos humanos de niñas, niños y adolescentes.

Ya es extremo que las mujeres y madres expuestas a la violencia vicaria tengamos que pensar en escapar, en huir junto a los hijos e hijas NNyA para no dejarlos a merced de un mismo perpetrador y que los jueces juzgados familiares no tomen en cuenta todo el conjunto de violencias previas que orillaron a las mujeres a tomar esas acciones de huida y escape como opción de sobrevivencia.

Extremo es creer que el suicidio es la solución a tanta violencia contra las mujeres y madres sabiendo que sobre el agresor no se levantan sospechas.

Extremo es creer que al hablar y exponer acerca la ideación suicida que experimenta la mujer no la hace apta para cuidar de sus hijos pero este factor no se toma en cuenta como consecuencia real de la violencia e indefensión que las mujeres padecen frente a una violencia psicoemocional del agresor vicario. 

Ya es extremo y cruel que aún los jueces y juzgados familiares no reconozcan la violencia vicaria con protocolos y perspectiva de género, como un riesgo latente de feminicidio previo y posterior a la separación y divorcio, como para exponer a niñas, niños y adolescentes al mismo generador de violencias del cual la mujer se separó, se divorció, demandó y denunció.

Ya es extremo que la indefensión de muchas mujeres las lleve a no denunciar la violencia dentro de la convivencia familiar porque reconocen que les irá peor después de denunciar, sobre todo reconociendo la estadística de impunidad hacia los generadores de violencias y casos donde la justicia es omisa.

Ya es extremo y violento recordarle a los jueces y juzgados familiares que los procesos de guarda y custodia, pensión alimenticia son por demás revictimizantes, son agotadores, representan tratos crueles e inhumanos, extenuantes que vulneran reiteradamente la dignidad de las mujeres, los derechos e interés superior de las infancias, dilatando el derecho a recibir pensión de alimentos, dejándolos desprotegidos para cubrir necesidades básicas minimas.

Ya es extremo que ante la sustracción y desaparición de niñas, niños y adolescentes por parte de los agresores vicarios, no haya protocolos para que instituciones médicas o la SEP informen a las madres directamente sobre registros de sus hijos en alguna institución médica/educativa.

Ya es extremo que pasen años y años para dar con la ubicación de alguna niña, niño o adolescente sustraído por el progenitor quien ha sido denunciado pero en cuestión de horas un gobierno es perfectamente capaz de entregar 37 narcotráficantes a petición de otro gobierno.

Ya es extremo el uso de la Violencia Institucional para dilatar procesos más de un año si este hecho constituye TORTURA hacia las mujeres niñas, niños y adolescentes involucrados.

Ya son extremas las innumerables omisiones por parte de los jueces y juzgados familiares al no anticipar ni preveer o estudiar el mismo patrón presente en los miles y miles de expedientes donde la violencia vicaria, aún sin ser nombrada ni legislada, ya aparece presente como un modelo y conjunto de múltiples violencias en contra de las mujeres, niñas, niños y adolescentes antes, durante y luego de la separación y divorcio. 

Ya es extremadamente inhumano que los resultados de periciales en psicología comparen la afectación psicoemocional de las víctimas de Violencia Vicaria con el Trastorno Estrés Post-Traumático Complejo TEPT-C de los soldados que regresan de guerras o conflictos bélicos. 

Extremo es tener que reconocer que los procesos en juzgados familiares y fiscalías sean garantes de la impunidad institucional hacia los generadores de violencia vicaria. 

Extremo es tener que cubrir monumentos, estatuas y edificios públicos gubernamentales cuando todo un sistema judicial sabe pero no reconoce públicamente que no es apto, capaz ni competente para garantizar el acceso a la justicia como un derecho y nuestro derecho a vivir la vida libre de violencias.

#8M
Voces de la Violencia Vicaria.


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