HARTA es patriarcado en acción.

HARTA es patriarcado en acción, en vivo y directo.


Al cerebro no le importa tu felicidad, le importa que sobrevivas.
Según la psicología, la negación es un proceso que despliega el cerebro traumado o bajo estrés crónico, para tratar de sobrevivir a situaciones límites, sumamente abrumadoras y adversas, situaciones que ni en las peores condiciones, no desearíamos ni al peor ser humano.

Negar la realidad que no podía aceptar fue lo que hizo que el cerebro de Janiyah colapsara, desplegará estrategias de sobrevivencia, que se desconectara, se disociara de los hechos para poder sobrevivir y lo siguiente no es una alerta de espoiler, es la realidad que golpea a muchas mujeres ya que ante la discriminación, la violencia estructural y sistemática, en ausencia de apoyo, no hay finales felices, ni en las películas ni en la vida real.

Si a Janiyah, como a millones y millones de mujeres en condiciones adversas les falla todo un sistema familiar social, educativo, médico-hospitalario, cultural, político, económico, es lógico suponer que como madre ella no cumpla ni pueda estar a la altura de las innumerables espectativas que recaen sobre sus hombros, para no fallarle a su única hija y saben qué? Janiyah no le falló, no abandonó a su hija, no planeó explotar una bomba, no tomó dinero que no era suyo, no robó un banco, no buscó prostituirse, ni alcoholizarse o drogarse, ya que sin importar cuánto se esfuerce una mujer para superar las condiciones adversas que escapan de su control, a lo largo de su vida y como mujer, quien es constantemente señalada por no "echarle ganas", por no vivir una vida digna o en mejores condiciones para si misma o para sus hijos, se sigue sacando de la ecuación la abrumadora presencia de todos estos sistemas que protegen sus propios intereses, privilegios y beneficios reflejados en la jerarquía y opresión sistemática que incluso explota las necesidades y derechos humanos de los más indefensos y vulnerables, mujeres como Janiyah y su hija.

En ausencia de políticas de apoyo social y económico para mujeres como Janiyah, las condiciones deplorables en su trabajo, las amenazas de muerte de un policía, el sistema médico-hospitalario, el bullying en la escuela de su hija, las amenazas de sus vecinos y hasta su familia de origen, todos se convierten en extensiones de la obediencia ciega sin cuestionamientos, se convierten en parte de otro sistema, el que obedece ciegamente a las instituciones, a las leyes, a las órdenes y normativas aún si van en contra de personas, de mujeres que se encuentran en evidente situación de riesgo y vulnerabilidad.

Esta obeciencia ciega y sin cuestionamientos que se instala como parte de la presión social e Institucional, que son como botones de descarga de más y mas presión, de opresión, de discriminación y violencia estructural, fueron descritos en los estudios que Stanley Milgram realizó después de la segunda guerra mundial, apoyándose en los juicios de Núremberg.

Milgram, en sus estudios buscó visibilizar cómo las personas tienden a obedecer órdenes de figuras de autoridad, incluso cuando estas órdenes implican acciones moralmente cuestionables o dañinas. Milgram, en su experimento más famoso, los participantes creían que estaban administrando descargas eléctricas cada vez más fuertes a otra persona (un actor) presionando botones, por órdenes de un experimentador (otro actor). Sus estudios resaltaron el poder de la autoridad cuando las personas tienden a obedecer "órdenes legítimas", incluso si van en contra de sus propios valores; la difusión de la responsabilidad ya que los participantes se sentían menos responsables de los resultados porque estaban "siguiendo órdenes establecidas" y por último la conformidad social que fue el resultado de la presión de cumplir con las expectativas de una figura de autoridad o un jefe, puede superar el criterio personal. Stanley Milgram buscó alertar sobre los peligros de la obediencia ciega, sin cuestionamientos y cómo esta dinámica en su momento contribuyó a atrocidades como las cometidas en los campos de exterminio, solo que ahora, en el presente la misma dinámica de obedecer por obedecer resulta en el exterminio silencioso de la empatía hacia mujeres y sus hijos vulnerables, por parte de personas que permanecen en automático sin cuestionar leyes, órdenes, procesos y políticas institucionales en espacios donde por obligación, por lógica y sentido común se debe fomentar el pensamiento crítico, la perspectiva de mujeres e infancias, la perspectiva de interseccionalidad.

Si a lo anterior le agregamos cómo el abandono paterno ha sido institucionalizado, ha sido normalizado desde las familias, en las relaciones, en las sociedades, HARTA da por sentado que cualquier mujer tiene que dar la talla a las expectativas y exigencias sociales, reflejando que las mujeres tienen que aguantar estoicas y calladas sin llegar a imaginar siquiera todo lo que representan sus voces: el contrapeso que expone pública y directamente todas las fallas que promueven los diversos sistemas cuyos procesos despojan de todo rastro de humanidad, abandonando también a las víctimas justo cuando más necesitan sentirse arropadas de contención, empatía y humanidad. Doble abandono.

HARTA no necesitó recurrir a la ciencia ficción para realizar una tremenda crítica social, HARTA no solo señala "lo caro que sale ser pobre", también saca a relucir lo caro que pagamos las mujeres, la niñez, la infancia cuando exponemos el funcionamiento de las dinámicas diarias, laborales, institucionales carentes de empatía, todo a la par de la presión social que existe sobre la mujer y madre cuando trata de ser autónoma sin éxito, sin posibilidades de estudio, de obtener un trabajo digno para dar sustento a sus hijos, que por iluso que parezca Janiyah se encuentra tratando de solucionar una situación para nada aislada o pasajera, al llevar dinero a su hija a la escuela para evitarle el bullying mientras cobra su cheque por su despido, en un mismo día, pero sabemos que hay miles y miles de mujeres enfrentadas a todo el sistema, durante años o toda su vida.

Pero saben qué? Imaginen por un momento que Janiyah es blanca. 

Alerta de espoiler: no le va mejor.

Aún si es una película basada en hechos reales, HARTA también es patriarcado en acción, un documental de la vida real, pero sin un "corte y queda", sin que hasta ahora no se desarrolle un mejor escenario para Janiyah o para millones de niños, niñas, adolescentes y mujeres enfrentadas a las mismas circunstancias extremas.

Si quedan dudas o se niega la existencia, impacto y consecuencias sobre cómo se mueven los hilos del patriarcado, HARTA nos ata con un fuerte nudo a todos, porque todos en algún momento hemos sido objeto de violencias, de discriminación, de la violencia estructural pero también hemos sido testigos de la opresión, discriminación y violencias hacia los más indefensos y vulnerables, puede que la negación o la disociación les haya impedido ver que la realidad de Janiyah no es aislada, ni para nada exagerada, porque existe tal cual es, en el presente para muchas mujeres y sus hijos.


Carolina Hernández León 
Facilitadora Resiliente 
Activista por los derechos de mujeres, niñas, niños y adolescentes en situación de riesgo y vulnerabilidad.
Co-fundadora de Voces de la Violencia Vicaria.

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