Violencia Vicaria, instrumental e Institucional como maltrato infantil.
Cada 25 de abril se conmemora el Día Internacional de la Lucha Contra el Maltrato Infantil, fecha que nos obliga como familias, sociedades, instituciones y gobiernos a mirar de frente una realidad sobre la violencia contra niñas, niños y adolescentes que no siempre es visible, ni siempre adopta la forma en que la sociedad e instituciones pueden reconocer con facilidad.
Hay violencias que se esconden en vínculos familiares, en decisiones judiciales y en narrativas que minimizan el daño bajo el argumento de “preservar el derecho a contar con una familia”.
Por estás razones es necesario y urgente colocar foco de atención en tres dimensiones profundamente conectadas: la violencia vicaria, la violencia instrumental ejercida por progenitores y la violencia institucional que puede surgir cuando el sistema de justicia falla en proteger a las víctimas, niñas, niños y adolescentes.
Violencia vicaria: cuando dañar a los hijos es una forma de castigar a la madre
La violencia vicaria es una de las expresiones más crueles de la violencia de género. Se produce cuando un agresor utiliza a los hijos e hijas como medio para continuar ejerciendo control y daño sobre la mujer. No se trata solo de negligencia o maltrato directo hacia los menores, sino de una estrategia consciente del perpetrador donde el vínculo materno afectivo se convierte en arma de doble filo, usado en contra del bienestar psicoemocional de niñas, niños y adolescentes y en contra de las mujeres.
En estos casos, niñas, niños y adolescentes dejan de ser sujetos de derechos para convertirse en instrumentos de presión. El daño es doble:
Por un lado, sufren directamente las consecuencias emocionales, psicológicas e incluso físicas.
Por otro, son colocados en una situación de lealtad forzada, donde amar a uno de sus progenitores implica traicionar al otro.
Violencia instrumental: el uso de los hijos como mecanismo de control
La violencia instrumental es el mecanismo operativo de la violencia vicaria. Aquí, el progenitor agresor manipula situaciones legales, económicas o emocionales utilizando a los menores como medio.
Algunas formas comunes incluyen:
Obstaculizar convivencias o utilizarlas como moneda de cambio.
Hablar mal, desacreditar, difamar a la madre frente a los hijos (instrumentalización emocional).
Amenazar con retirar apoyo económico o afectivo, llevar a cabo las amenazas de forma intermitente, por años o de forma definitiva.
Interponer denuncias falsas pero estratégicas para desgastar a la madre.
Sustracción de los hijos NNyA,
Este tipo de violencia no siempre deja huellas visibles pero genera efectos profundos: ansiedad, culpa, confusión emocional y, en muchos casos, una distorsión de la realidad en los hijos menores.
Violencia institucional: cuando el sistema judicial revictimiza con sus procesos.
Uno de los puntos más críticos de la Violencia Vicaria ocurre cuando las instituciones y autoridades encargadas de proteger terminan reproduciendo dinámicas de violencia. La violencia institucional se manifiesta desde la atención primaria hasta cuando los jueces, peritos, abogados, psiquiatras, psicólogos o autoridades en general:
Desestiman un mismo patrón de Violencia, de denuncias de violencia familiar o violencia de género.
Priorizan la “revinculación familiar” por encima de la seguridad e integridad de los menores.
Cuestionan la credibilidad de las madres sin aplicar perspectiva de género ni de infancia.
Obligan a convivencias, terapias con el progenitor denunciado y cederle la guardia y custodia sin evaluar que el riesgo de la escalada de violencias es real y latente.
En estos escenarios donde prevalece el discurso de “el señor tiene derechos o el padre tiene el derecho a convivir con sus hijos” se impone sobre los derechos e interés superior del niño, niña o adolescente a vivir libre de violencias.
Las consecuencias son graves: el sistema judicial no solo falla en proteger, sino que se convierte en un facilitador del daño, al legitimar el contacto con quien ha sido previamente identificado como generador de violencia.
Revinculación forzada: entre la teoría y la realidad
El concepto de “revinculación” parte de una intención legítima: restaurar relaciones familiares saludables. Sin embargo, cuando se aplica sin un análisis profundo del contexto de violencia vicaria, se convierte en una forma de control coercitivo hacia la madre e hijos al forzarlos a convivir con un agresor:
Ignorando la experiencia emocional y su percepción del riesgo.
Reforzando el poder del agresor.
Generando retraumatización.
La revinculación de NNyA solo puede ser viable cuando existe garantía real de seguridad, resguardo a la integridad, derechos, interés superior de los hijos pequeños y adolescentes, reconocimiento del daño y procesos terapéuticos exhaustivos y adecuados. De lo contrario, es una extensión de la violencia Institucional.
El impacto y consecuencias de la violencia vicaria en niñas, niños y adolescentes son profundas y duraderas:
Trauma relacional.
Trastornos de ansiedad y depresión.
Trastorno de estrés postraumático - complejo.
Problemas a la hora de reconocer el apego evitatito, desorganizado, inseguro, dificultad para establecer relaciones sanas.
Normalización de la violencia como forma de vínculo relacional.
Sentimientos de culpa y responsabilidad por el conflicto parental.
En muchos casos, el daño no se reconoce a tiempo porque no siempre hay golpes visibles. Pero el impacto psicológico en la infancia y adolescencia puede acompañar durante toda su vida.
Es necesario y urgente reconocer el papel de la justicia con perspectiva de infancia y género, no como letra muerta sino como un derecho al debido proceso.
Este desafío no es menos importante, ya que requiere transformar la forma en que se entienden los conflictos familiares en contextos de violencia vicaria. Algunas claves urgentes para atender:
Aplicar de manera efectiva la perspectiva de género e infancia en cualquier tipo de decisiones judiciales.
Priorizar el Principio de no Revictimización - Victimización Secundaria durante procesos judiciales o de atención que está fundamentado en la Ley General de Víctimas
Escuchar activamente a niñas, niños y adolescentes.
Capacitar a funcionarios, jueces y operadores de justicia en violencia vicaria e instrumental, el impacto, las consecuencias de un mal desempeño en las vidas que no les pertenecen.
Establecer protocolos claros de evaluación de riesgo antes de ceder custodias y ordenar convivencias.
Hablar de maltrato infantil no es solo hablar de golpes o abandono. Es reconocer que existen formas mucho más complejas de violencia que operan dentro de la familia y en ocasiones, dentro del propio sistema judicial que debería proteger.
En este 25 de abril Día Internacional de la Lucha Contra el Maltrato Infantil, nuestro llamado es claro:
No toda revinculación es protección.
No toda neutralidad e imparcialidad es justicia.
No toda decisión legal garantiza el bienestar de las niñas, niños y adolescentes.
En este día buscamos visibilizar la violencia vicaria, violencia instrumental y la violencia Institucional para generar entornos seguros para nuestros niños, niñas, adolescentes, la denuncia sin represalias, la prevención - atención hacia los más afectados, vulnerables, la infancia y adolescencia.
Voces de la Violencia Vicaria
Activismo Pro Derechos de la Infancia.
Acompañamiento Resiliente a Mujeres NNyA en situación de riesgo y vulnerabilidad de Violencia Vicaria.
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