La violencia Institucional promueve la esclavitud infantil al mantener la infancia judicializada.
¿Nacemos libres?
Ningún niño, niña o adolescente nace para convertirse en moneda de cambio en los conflictos entre los intereses de los adultos y los intereses de las instituciones. Sin embargo, en México miles de niñas, niños y adolescentes sobreviven cada día una forma de esclavitud invisible: la violencia vicaria, ese mecanismo cruel y extremo dónde el agresor daña a los hijos para continuar el daño hacia la madre, o los convierte en instrumentos de control y sometimiento.
Ser rehén y esclavo no siempre significa tener cadenas visibles, significa perder la infancia, crecer con miedos mientras un juez negocia con los derechos y el interés superior cuando la madre es quien se resiste a ser la cómplice o intermediaria de la continuación de las múltiples violencias del agresor vicario, significa aprender a callar para sobrevivir, significa que nadie en el sistema romperá la cadena de abusos que el mismo sistema promueve en sus procesos.
La violencia vicaria no inicia con la separación ni termina con el divorcio. Termina cuando los hijos NNyA dejan de ser usados como armas para orillar a la mujer a desaparecer de sus vidas y sin embargo, demasiadas veces el sistema judicial prolonga la tortura, negociando tiempos, ponderando intereses, equiparando el derecho del agresor con la seguridad e integridad de sus víctimas más vulnerables, NNyA.
Cuando el sistema negocia con los derechos de la infancia, se convierte en cómplice del abuso, no hay justicia ni imparcialidad posible cuando se pone en la misma balanza el bienestar de NNyA y los intereses del mismo progenitor que los daña.
-Los juzgados, tribunales familiares y fiscalías están obligados a escuchar lo que no está escrito, porque un expediente no llora pero los niños, niñas y adolescentes victimas de Violencia Vicaria pierden años de sus vidas con la infancias y adolescencia judicializada.
Los niños, niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia vicaria no necesitan que ninguna institución silencie sus voces. Necesitan de personas y profesionales capaces, que les crean. Necesitan que el interés superior del niño deje de ser un principio decorativo y se convierta en una obligación real, urgente, que no admite excepciones ni retrasos. Ningún régimen de visitas merece más protección que la seguridad de una niña, un niño o un adolescente: someterlos a riesgos de sustracciones en cada convivencia también es promover la violencia institucional.
Estamos hartas de enfrentarnos al sistema judicial que protege más los procesos y olvidan personas, a las infancias. Los NNyA no son parte procesal. Son seres humanos, con historia, con miedo, con derechos, con voces que merecen ser escuchadas, las veces que sean necesarias.
Libre es la niña, el niño, el adolescente que puede crecer y mirar el futuro sin miedo. Mientras eso no sea posible, nuestra lucha y activismo en contra de la violencia vicaria no termina.
Exigimos un sistema judicial que no instrumentalice, que no dilate, que no negocie con los derechos de la infancia. Exigimos que cada niña, cada niño, cada adolescente atrapado en esta forma de esclavitud moderna encuentre en la justicia un refugio y no la trampa que ha sido para las mujeres y madres protectoras.
Si la sociedad se mide por cómo defiende a quienes no pueden protegerse solos, hay demasiados niños, niñas y adolescentes usados como rehenes quienes permanecen esclavizados por años, atados a procesos, a tiempos y la voluntad de jueces, juzgados y fiscalías, a todo un sistema judicial rebasado por la realidad, el impacto y las consecuencias de la violencia vicaria.
16 de abril, Día Internacional contra la Esclavitud Infantil.
Voces de la Violencia Vicaria
Acompañamiento Resiliente a mujeres, niñas, niños y adolescentes en situación de riesgo y vulnerabilidad de Violencia Vicaria
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