La violencia no disminuye ni desaparece, aumenta y se transforma en entornos cómplices y cercanos al perpetrador.
Ante la violencia o un crimen de género, lo que importa no es únicamente la relación que existe entre el perpetrador y la víctima, sino también la relación del perpetrador con sus familiares, amigos, compañeros de trabajo y cualquier entorno social e institucional que tolera, minimiza, justifica o incluso recompensa esa conducta hasta ensañarse de forma perversa en contra de la víctima, mujeres, NNyA, como lo ha señalado la antropóloga Rita Segato. La violencia vicaria como parte de la violencia machista y de género, no se sostiene solo por la voluntad individual del agresor vicario, sino por los pactos de silencio, las complicidades, la impunidad y las estructuras de poder que le permiten ejercer manipulación y control sobre personas cercanas a él, y las personas cercanas a sus víctimas. En los casos de violencia vicaria, esta dinámica adquiere una dimensión intangible pero no menos grave. El agresor no solo busca dañar a la mujer a través de sus hijas e hijos, sino q...