La espiritualidad rosa no protege de la violencia.

Por Ángeles Jiménez Duhart. Fb.

𝗡𝗶 𝗸𝗮𝗿𝗺𝗮 𝗻𝗶 𝘃𝗶𝗯𝗿𝗮𝗰𝗶ón: 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗶𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗿𝗼𝘀𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗲 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮

𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗿𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗳𝗲𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗮 𝗹𝗮 𝗳𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀𝗶́𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹 𝗶𝗻𝗱𝗶𝘃𝗶𝗱𝘂𝗮𝗹

Hay una idea que aparece cada vez que se desmonta el mito de la responsabilidad total:
la creencia de que todo lo que te pasa —incluida la violencia— es producto de tu energía, tu autoestima o tus heridas.

Cuando cuestionas esto, muchas mujeres responden:

      “No, yo no soy víctima. Yo decido. Yo puedo evitarlo.”

Pero esa frase no siempre nace de fortaleza.
Muchas veces nace del 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼 𝗮 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗿𝘀𝗲 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗹𝗲.

Porque aceptar la vulnerabilidad implica admitir algo incómodo:

que la violencia 𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗲 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗶,

que puedes hacer todo “bien” y aun así ser violentada,

que el riesgo 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹, sino un sistema entero que te rodea.

Y como señala Marcela Lagarde:
“𝗹𝗮 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗳𝗲𝗺𝗲𝗻𝗶𝗻𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗱𝗮 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲; 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹.”

La fantasía de control —“si hago todo perfecto, nada me pasará”— tranquiliza… pero culpa.
Y esa culpa, además de injusta, es uno de los mecanismos de opresión más antiguos.

1. 𝗟𝗮 𝗻𝗲𝗴𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱

Muchas mujeres rechazan la palabra “víctima” porque no quieren sentirse indefensas.

No quieren verse reflejadas en otras mujeres violentadas.

No quieren admitir que el entorno sí las pone en riesgo.

Y 𝗻𝗼 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲𝗻 𝗮𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝘁𝗮𝗱 𝗿𝗲𝗮𝗹 𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗺𝗲𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻.

Entonces abrazan el discurso más duro de auto-responsabilidad:

      “Si me pasó, es porque yo lo permití.”
      “Si me violentaron, es porque algo en mí lo atrajo.”

Judith Herman lo explica con claridad:
“𝗟𝗮𝘀 𝘃𝗶́𝗰𝘁𝗶𝗺𝗮𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝘂𝗹𝗽𝗮𝗻 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗲𝗻𝗶́𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗹𝗼 𝘁𝘂𝘃𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻.”

Esa lógica da una sensación de seguridad…
pero cobra un precio altísimo: 𝗹𝗮 𝗰𝘂𝗹𝗽𝗮.

2. 𝗟𝗮 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮: 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼

La vulnerabilidad no es debilidad: es realidad.

Eres vulnerable porque vives en un país con cifras brutales de violencia.
Porque los agresores actúan con impunidad.
Porque el sistema protege más a los violentos que a las víctimas.
Porque tu fuerza o tu consciencia no eliminan el riesgo.

Rita Segato lo resume con una fuerza que atraviesa:
“𝗟𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗲: 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗺𝗮𝗻𝗱𝗮𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘀𝗰𝘂𝗹𝗶𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱.”

No se trata de lo que “atraes”.
Se trata del contexto que 𝗽𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗲 vulnerabilidad.

3. 𝗘𝗹 𝗻úc𝗹𝗲𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹

Los agresores no actúan por karma ni por vibración.
Actúan porque:

hay impunidad,

denunciar es difícil,

socialmente es más fácil culpar a la mujer,

y la mayoría de los casos quedan sin consecuencias.

ONU Mujeres lo confirma:
“𝗟𝗮 𝗶𝗺𝗽𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗰𝗮𝘂𝘀𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗽𝗲𝘁𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀.”

Y Paul Farmer lo explica así:
“𝗟𝗮𝘀 𝗶𝗱𝗲𝗼𝗹𝗼𝗴𝗶́𝗮𝘀 𝗻𝗲𝗼𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗹𝗮𝘇𝗮𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝘂𝗹𝗽𝗮 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗱𝗶𝘃𝗶𝗱𝘂𝗼, 𝗮𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗲𝗻𝗴𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼.”

Eva Illouz también lo señala:
“𝗟𝗮 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮 𝘆 𝗹𝗮 𝗲𝘀𝗽𝗶𝗿𝗶𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗶𝗻𝗱𝗶𝘃𝗶𝗱𝘂𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗳𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗮 𝗶𝗱𝗲𝗮 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘀𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮.”

Y Ehrenreich/Ahmed completan:
“𝗘𝗹 𝗽𝗼𝘀𝗶𝘁𝗶𝘃𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘁𝗼́𝘅𝗶𝗰𝗼 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻 𝗺𝗲𝗰𝗮𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹.”

Por eso quedarse solo en la sanación individual
𝗿𝗼𝘇𝗮 𝗹𝗮 𝗶𝗿𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘀𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮.

La violencia no se detiene con vibraciones.
Se detiene con comunidad, límites y justicia.

4. 𝗠as 𝗱𝗲 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱: ¿𝗰ó𝗺𝗼 𝘀𝗲 𝘀𝗮𝗹𝗲?

No con culpa.
No con decretos.
No con la fantasía del control individual absoluto.

Salir de la vulnerabilidad implica:

    1. 𝗥𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼, no negarlo.

    2. 𝗡𝗼𝗺𝗯𝗿𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, no disfrazarla de “elecciones malas”.

    3. 𝗛𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱, no sobrevivir aislada.

    4. 𝗘𝘅𝗶𝗴𝗶𝗿 𝗷𝘂𝘀𝘁𝗶𝗰𝗶𝗮, porque la violencia disminuye cuando la impunidad baja.

    5. 𝗖𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗹𝗶́𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀, no solo personales.

Nadie sale sola de un sistema violento.
Nadie se protege únicamente “pensando bonito”.
Nadie es invulnerable en un país donde la violencia es cotidiana.

La fuerza no está en negar la vulnerabilidad.
La fuerza está en 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮𝗿𝘀𝗲 para que la vulnerabilidad no sea una sentencia.

La idea de que “atraes todo lo que te sucede” consuela, pero también encierra.
La verdadera libertad no viene de culparte, sino de 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 y de
𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗹𝗶́𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗲𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮.

Porque ni karma ni vibración te protegen.
Porque la espiritualidad rosa no detiene agresores.
Porque salir de la vulnerabilidad no es “merecer mejor”.
Salir de la vulnerabilidad es 𝗿𝗼𝗺𝗽𝗲𝗿 𝗹𝗮 𝗶𝗺𝗽𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗮𝗻 𝗮𝗴𝗿𝗲𝘀𝗼𝗿𝗲𝘀.

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