Que tu paz, tu calma y tranquilidad sean el mejor regalo que te das...


En fechas como la celebración de la Navidad, Fin de año, Día de Reyes no solo se celebran rituales sociales: se reactivan sistemas emocionales profundos que, en su momento tuvieron una finalidad pero que puede no funcionar en el presente.

Ya sea por deseo o por la presión de reunirte con personas que evitas durante todo el año, no surge de la nada; con más frecuencia de la que imaginamos esta realidad está anclada en patrones de apego, experiencias traumáticas y dinámicas familiares narcisistas que permanecen activas en el cuerpo y la mente, incluso cuando creemos haberlas superado.

Desde la teoría del apego (John Bowlby) estas fechas despiertan la necesidad primaria de pertenencia y seguridad. Quienes crecieron con un apego inseguro aprendieron que el vínculo se sostiene a costa de sí mismos: callar, tolerar, adaptarse, no hablar. Por esto, el encuentro y convivencia típico de estas fechas no siempre se vive como una elección libre, sino como una obligación interna: “si no voy, decepciono; si pongo límites, pierdo amor, compañía, cercanía”.
❌FALSO.

El rechazo no es a la cena, no es a compartir o no dar/recibir regalos sino al abandono, traumas, el recuerdo de experiencias abusivas que se reavivan por estas fechas.

Cuando hay trauma relacional por ejemplo, las celebraciones actúan como un detonante: el cuerpo recuerda antes que la razón, como tensión, ansiedad, culpa, tristeza sin nombre. Muchas personas confunden esta activación traumática con amor o nostalgia, cuando en realidad la neurociencia explica que el sistema nervioso intenta "volver" a un escenario conocido, aunque haya sido doloroso, abusivo o violento. 

El trauma no busca bienestar, busca familiaridad.

En contextos de abuso emocional o narcisismo familiar, estás fechas y celebraciones pueden funcionar como escenarios de control, manipulación y apariencias. Se exige mantener la imagen de la familia como lo más importante, haciendo acto de presencia, con sonrisas, abrazos forzados de una falsa armonía, todo para sostener la imagen de “familia unida y feliz ”, negando conflictos, abusos o límites previamente establecidos. 

Quien se distancia durante el año puede ser convocado en Navidad o por estas fechas bajo los mismos condicionamientos, no para ser objeto de amor, cariño o cuidados, sino para desempeñar a la perfección un mismo rol: el que perdona, el que cede, el que no incomoda, el que no habla, el que se autosilencia. Negarse a asistir se vive y se castiga como traición, deslealtad, ingratitud propio de "personas resentidas y desagradecidas".

Por todo esto y más es fundamental nombrar una verdad incómoda pero liberadora: no todo reencuentro es sano, ni señal de reconciliación ya que no toda ausencia debe ser vista como odio, resentimiento o egoísmo. 

A veces, el acto más responsable y reparador con el que cuentas es no sentarse a la mesa, ni tomarte la foto del recuerdo, además es importante respetar el límite que el cuerpo y la conciencia han construido para protegerse.

Poner límites en estas fechas no significa odiar a la familia; significa dejar de traicionarse a una misma. Significa comprender que el amor auténtico no se sostiene en la culpa, el miedo o la anulación de experiencias abusivas. Un límite sano puede ser una ausencia, o simplemente “este año no quiero ir” y punto.

Las fiestas de Navidad, Fin de año o Reyes como celebraciones familiares no deberían ser una prueba de lealtad al dolor pasado o presente, sino una oportunidad para cuidar la propia integridad. Y si el entorno más cercano no puede o no quiere aceptar ese límite, eso no invalida su necesidad de celebrar, solo te confirma por qué es necesario establecer o mantener intactos tus límites hacia todo lo que representa riesgos a tu integridad, a tu salud emocional sin comprometer tu calidad de vida.

Celebrar tu paz, en calma y tranquilidad también es un regalo que te das.

Voces de la Violencia Vicaria.
Acompañamiento Resiliente.
Activismo Pro Derechos de la infancia, adolescencia, Pro Derechos de las mujeres en situación de riesgo y vulnerabilidad.

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