La violencia vicaria es el maltrato sistemático hacia la mujer que recibe a través de sus hijos

En la violencia vicaria, el agresor ya no instrumentaliza a la mujer; golpea su alma a través de lo que ella más ama, buscando convertir el vínculo maternal en un campo de batalla donde los hijos niñas, niños y adolescentes son las víctimas y el silencio es el arma.

​¿Por qué es tan relevante visibilizar la violencia vicaria?

​Para entender su impacto es importante desglosar sus puntos clave:

​El objetivo real: El maltratador no busca dañar directamente al NNyA por odio al menor, sino para destruir emocionalmente a la madre de forma permanente.

​La irreversibilidad: cuando se afirma que la violencia vicaria es el "daño extremo", es porque mientras un golpe físico puede sanar, el daño causado a través de los hijos deja cicatrices que duran toda la vida.

​La instrumentalización: Los hijos dejan de ser vistos como personas, sujetos con derechos y pasan a ser considerados objetos o herramientas de tortura sistemática.

Cómo funciona la violencia vicaria.

En la violencia vicaria, el agresor ya no necesita usar o cosificar a la mujer para ejercer su dominio; su ataque lo desplaza a un territorio intangible pero mucho más profundo y devastador: el mundo emocional, la identidad y el vínculo más esencial de la madre de sus propios hijos, golpeando su alma a través de aquello que ella más ama, sus hijos, transformando el vínculo materno, asociado al cuidado, la protección y el amor, en un campo de batalla de destrucción sin tregua. En este escenario, los hijos no solo son víctimas directas, sino también instrumentos de un castigo diseñado para ser eterno. Para el agresor vicario él silencio, la manipulación y la amenaza constante se convierten en sus armas más eficaces.

Cómo el término lo dice, vicario, interposita persona, el objetivo real del agresor vicario no es el daño al hijo/a por odio hacia ellos. Los niños, niñas y adolescentes no son el fin, sino el medio. La finalidad última es destruir emocionalmente a la madre, quebrarla de manera irreversible, atacarla allí donde más duele, donde no hay posibilidad de huida, negación o desconexión. 

Porque una mujer puede separarse de una pareja violenta, puede rehacer su vida, incluso puede "sanar" heridas físicas y psicológicas; pero no puede dejar de ser madre y como madre protectora es capaz de construir un vínculo materno sano pero no es un rol que se abandona: es un vínculo permanente, una identidad que permanece incluso en la ausencia, incluso ante el dolor e incertidumbre de haber sobrevivido a la sustracción de sus hijos sin obtener respuesta del paradero, su desaparición o el asesinato de sus hijos.

Por eso se habla de la violencia vicaria como el “daño extremo”. Mientras un golpe físico puede sanar con el tiempo, el daño infligido a través de los hijos deja cicatrices que atraviesan toda la vida. No hay cierre posible cuando el sufrimiento está anclado directamente a la vida de los propios hijos, cuando cada recuerdo, cada cumpleaños, cada ausencia es un recordatorio del daño causado. El agresor vicario lo sabe y por eso elige ese camino: porque es el único que garantiza un sufrimiento continuo, renovado, imposible de detener o apagar.

Instrumentalización de la vida.

Uno de los aspectos más perversos de la violencia vicaria es la instrumentalización de la vida y las necesidades básicas de los hijos. Dejan de ser vistos como personas con derechos, con necesidades emocionales propias, que deben ser protegida. Tanto el progenitor agresor como en muchos casos, el sistema de justicia familiar, los reducen a objetos de negociación y herramientas de tortura sistemática hacia la mujer. 

La justicia familiar debe dejar de referirse a “conflicto parental”, “disputas”, “derecho de visitas”, para empezar a visibilizar y establecer la Perspectiva de Violencia Vicaria ya que los niños, niñas y adolescentes están siendo utilizados doblemente, durante años y décadas como vehículos de violencia por parte del agresor vicario porque es así como éste espera mantener un vínculo paterno que no pudo crear ni sostener mientras tuvo a sus hijos cerca y la justicia cuyos procesos los expone al daño continuo.

Cuando la justicia falla en reconocer toda una serie de dinámicas, se convierte, aún si es de manera involuntaria, en cómplice del agresor. Al priorizar una falsa neutralidad, al exigir a la madre pruebas imposibles o al ignorar las señales de alarma, se refuerza el mensaje de que el sufrimiento infantil es un daño colateral aceptable. Así, los hijos NNyA quedan atrapados entre un agresor vicario que los usa, abusa y cosifica, un sistema de justicia familiar que no los protege pero cuando las madres recurren a la justicia por apoyo, defensa y protección, la primera respuesta de la justicia es la revictimización, además de mantenerlas atadas a voluntad de jueces y largos procesos, reducidas al escrutinio Judicial y con la vida judicializada.

La violencia vicaria no es un conflicto privado entre una pareja, que se salió de control y llegó al juzgado familiar, tampoco es un "exceso emocional de la mujer", es una forma extrema de violencia de género que ataca simultáneamente los derechos de las mujeres y los derechos de la infancias.

 Es necesario que el sistema judicial mexicano nombre la violencia vicaria, comprenda las dinámicas y la reconozca en primera instancia como una perspectiva durante los procesos de juicios por divorcio con hijos NNyA, guarda y custodia, pensión alimenticia, no solo en la teoría y leyes como ha sido hasta ahora sino también para dejar sin efecto el poder engrandecido y continuado del agresor vicario. 

Mientras se siga negando, minimizando o exacerbando la violencia vicaria en instancias judiciales e Institucionales, la complicidad, impunidad y el silencio seguirá siendo el arma de los agresores vicarios y los hijos, niñas, niños y adolescentes seguirán pagando el precio de una violencia y la tortura sistemática que nunca eligieron, no escogieron ni provocaron.

Las Voces de la Violencia Vicaria también son las voces de las infancias cuyos derechos han sido vulnerados, violentados y torturados.

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