Las leyes no están borrando a los hombres, les está recordando que actuar con impunidad tiene consecuencias...


Es peligroso y sumamente irresponsable afirmar que las leyes mexicanas están “borrando a los hombres”. Ese discurso ignora un hecho básico: durante siglos las normas, las instituciones y los sistemas de justicia de México se construyeron sin la participación real de las mujeres, sin considerar nuestras experiencias. 

Lo que está ocurriendo hoy día es claro y no es una desaparición de los hombres en la ley, sino un intento tardío de corregir desigualdades históricas que siempre estuvieron ahí, estas correcciones se han realizado por parte de las movilizaciones de mujeres organizadas pero curiosamente las desigualdades han sido omitidas por las mismas instituciones de "justicia" encargadas de investigar el patrón en los expedientes que siempre estuvo presente.

Las mujeres no estamos quitando derechos; estamos evidenciando que la supuesta igualdad jurídica muchas veces solo existe en el papel pero en la práctica, los datos sobre violencia, acceso a la justicia, impunidad, la revictimización y credibilidad de las mujeres víctimas muestran que la igualdad prometida por las leyes no se cumple de la misma manera para todos, de hecho, al entrar en materia de Violencia Vicaria, la justicia y las leyes dejan por fuera juzgar con perspectiva de género, juzgar con perspectiva de la niñez, ni hablar del interés superior de las infancias. 

No es necesario recordar la cantidad de casos en México donde:
1. los niños niñas y adolescentes que han sido sustraídos por el progenitor, 
2. no los llevan o los regresan a los centros de convivencias pero aún con órdenes y resoluciones judiciales para regresarlos con las madres, la impunidad sigue siendo "ley", 
3. en los juicios por guarda y custodia muchos jueces la otorgan al mismo generador de Violencia familiar, 
4. en los juicios por pensión alimenticia pueden pasar años sin que los niños, niñas y adolescentes reciban lo mínimo necesario para tener una vida digna no como favor sino como obligación, 
5. el hombre puede negar ingresos reales y colocar sus bienes a nombre de terceros para no cumplir con sus obligaciones en pro del bienestar de SUS PROPIOS HIJOS.

Cuando las mujeres denunciamos estas y muchas otras situaciones reales, brechas y sesgos institucionales, surge esta reacción defensiva que afirma que ahora “los derechos de los hombres están siendo borrados o desplazados” pero lo que realmente está ocurriendo es que se están cuestionando innumerables privilegios que durante mucho tiempo pasaron desapercibidos precisamente porque benefician a quienes han estado todo el tiempo en el centro del sistema judicial: los hombres. 

De cual borrado hablan si los procesos y leyes les permiten dejar impune los delitos, ese es el alcance de los derechos, corromper la ley a diestra y siniestra.

Reconocer que la igualdad nunca ha existido plenamente no es un ataque contra los hombres, es una crítica a estructuras legales y sociales que históricamente han favorecido ciertas perspectivas mientras invisibilizaban otras. Sin embargo, esta realidad resulta difícil de aceptar para quienes han contado con un sistema judicial androcentrico que desde siempre ha reconocido a los hombres como la medida de lo “normal” y lo “universal” en materia judicial.

Por eso, cuando las mujeres señalamos que las leyes no nos hacen iguales, no estámos inventando conflictos ni exagerando las injusticias que a la fecha han sido sistemáticas. Estámos nombrando una realidad que durante mucho tiempo fue ignorada, minimizada o negada, justamente es lo que más les incomoda porque cuestiona una falsa creencia de igualdad que no es absoluta ni verdaderamente cierta, sino letra muerta, o sea, patriarcado en acción.

Voces de la Violencia Vicaria.

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