Ser mujer en Afganistán


Ser MUJER en Afganistán no es quedar reducida a lo que dicte el entorno ni aceptar que la existencia sea un estorbo. No es sinónimo de silencio, de invisibilidad, de obediencia forzada. Eso no es identidad, es imposición.

Desde el regreso del régimen Talibán al poder en 2021, las restricciones contra las mujeres en Afganistán se han endurecido: exclusión de la educación secundaria y universitaria, limitaciones para trabajar, control sobre la movilidad y la vestimenta. Pero ninguna ley puede convertir a una mujer en un “estorbo”. Lo que sí puede hacer es evidenciar el miedo de quienes necesitan borrar a otras personas para sentirse grandes.

Cuando hablamos de dinámicas narcisistas o psicopáticas en lo social, no como diagnósticos clínicos individuales sino como patrones de poder, hablamos de proyección: deshumanizar al otro para no confrontar la propia fragilidad, quitar derechos, cubrir rostros, silenciar voces, no nace de la fortaleza sino de la inseguridad.

Quien necesita que la mujer no sea vista ni reconocida por quien es, en el fondo no tolera verse a sí mismo sin dominio ni control sobre ella.

Reducir a las mujeres al espacio doméstico, negarles educación o participación pública, permitir legalmente el maltrato, la violencia y la esclavitud por parte del hombre, esposo y padre hacia la mujer y los hijos, niña, niños y adolescentes, no habla de su incapacidad; habla del temor a la pérdida de su identidad. Porque una mujer que estudia, que opina, que decide, desmonta la fantasía de superioridad y supremacía masculina, esto para ciertos sistemas de dominio y poder, es insoportable e aceptar.

Ser MUJER en Afganistán, como en cualquier lugar donde se intente disciplinar el cuerpo y la voz femenina, no es ser un estorbo, es existir a pesar del intento de borrado, es resistir incluso cuando la ley te quiere invisible.

La invisibilización siempre revela algo de quienes invisibilizan: su miedo a perder privilegios, su incapacidad para convivir con la igualdad, su dependencia del control para sostener su identidad.

Las mujeres en Afganistán y en el mundo entero no son el estorbo, el verdadero y único estorbo para cualquier sociedad es el miedo convertido en ley: el miedo hacia las mujeres que exigen vivir sin miedos ajenos.

Voces de la Violencia Vicaria.

Rumbo al 8 de Marzo 
Día Internacional de la Mujeres 

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